• Ana

Conócete y transfórmate.

En muchos libros nueva era se habla sobre nuestro origen, donde todos somos seres de luz, perfectos, seres impolutos que no tenemos que cambiar nada, pues nuestra divinidad nos preside. Pero, esa creencia no hace más que alejarnos de la verdadera espiritualidad. Esta creencia falsa nos hace negar la realidad: somos seres direccionados por un ego y personalidad tan contaminados (de traumas, influencias externas y emociones no sanadas) que poco expresamos de ese ser divino de luz que tu ego cree ser. Reconocer tu esencia divina sin perder la noción de tu realidad en esta experiencia humana es clave. Solo reconociendo tus aristas humanas es que puedes iniciar un viaje para reconectar tu luz, es la transformación y sanación de tu ego y personalidad los que te darán los escalones para alcanzar tu potencial y facilitar los procesos personales.

Entonces partamos de esta premisa, no somos lo que creemos ser, no somos lo que queremos ser tampoco, y nuestro ser esencial está nublado por ego, personalidad, condicionamientos y creencias limitantes.

Aunque en cierto aspecto la frase “créelo y créalo” tiene una veracidad en si misma, es importante comprender que aquello que no conocemos de nosotros mismo no puede ser transformado, así que, más que creerlo es saberlo (saber quién soy al día de hoy), entender a profundidad quienes somos, que limitaciones tenemos y que disfraces ponemos a nuestras limitaciones para evadir transformarlas, sanarlas o asumirlas.

Nuestro temor a ser juzgados, no amados, a equivocarnos, ser vistos como vulnerables o a que los demás se percaten de los defectos que tenemos, nos llevan a caer en mecanismos de defensa, que nos dan una falsa sensación de seguridad, que lo único que logran es hundirnos más en los condicionamientos que hemos generado a lo largo de los años y que nos llevan a ciclos repetitivos de sufrimiento.

Pero, ¿cómo identificar esos velos o engaños que no nos dejan vernos?

Uno de los engaños ms grandes son las emociones disfrazadas, un ejemplo común de esto ocurre con los hombres; quienes crecen con una presión social a no poder ser “débiles” (mostrarse siempre fuertes). Cuando un hombre siente tristeza es muy posible – incluso sin darse cuenta – que disfrace su sentir de rabia o apatía, pues estas son emociones que en su creencia (impuesta socialmente) son más “fuertes” que estar triste.

Otro engaño que nuestro ego nos juega es señalar a los demás o responsabilizarlos de nuestros errores, culpar al pasado, al entorno o cualquier causa externa - ajena- a sí mismos. Quizás este tipo de ejemplos te suenen conocidos: “Te grite porque no llegaste a tiempo” o “me salte la fila porque todos se la saltaron”. Este tipo de engaño es sumamente dañino para los procesos personales, porque traen en sí una información implícita de no ser dueños de nosotros mismos. Si culpas a lo externo cada vez que tengas una dificultad emocional estás diciéndole a tu subconsciente que lo de afuera tiene poder sobre ti, estás renunciando a tu poder personal y donde no hay poder personal, no hay forma de sanar y transformar.

La evasión de si mismo. Reconocernos en nuestras sombras es doloroso, y ese dolor nos puede llevar a caer fácilmente en evadirnos: con exceso de trabajo, deporte, diversión, redes sociales… la lista de actividades con las que nos ocupamos para no darle la cara a algo difícil dentro de nosotros no tiene fin. Esto no quiere decir que cuando estemos en una situación difícil no tengamos actividades que nos ayuden a levantar el ánimo, pero se debe -con la madurez- discernir cuando estamos aportándole a un proceso personal con distracciones y cuando estamos evadiendo con estas mismas el proceso en sí.

Creer que el pensamiento lo puede todo. El pensamiento es una herramienta maravillosa de la mente, pero cuando somos adultos y ya hemos desarrollado nuestra capacidad cognitiva, nos empezamos a identificar con el pensamiento y fallamos en ver que el mismo puede jugar en nuestra contra. Reflexionar sobre situaciones, emociones e ideas es clave para comprender el proceso, sin embargo, a punta de “pensadera” no te vas a transformar, hay que hacer la tarea, leer, estudiar, meditar, practicar yoga, recibir terapia, descansar, alimentarse bien, mejorar tus hábitos. La receta para sanar y vivir en bienestar cuesta un poco más que simples pensamientos.


Disfrazar la situación con positivismo tóxico. Tener mentalidad positiva tiene un efecto maravilloso en nuestras vidas, pero forzarlo, negar las dificultades, o reprimir emociones y experiencias en nombre de “ser positivos” es una olla a presión que nos puede alejar de la realidad y que en ocasiones puede atropellar el proceso que se está viviendo.

El ego espiritualizado es quizá el engaño más escurridizo. Piénsalo de esta manera: el ego funciona con la información, conocimiento y creencias que tengas en ti. Y acá se pone complicado; porque no existe una receta para que aprendas a reconocer cuando es tu ego quien está llevando las riendas. Sin embargo, entrenar tu observación consciente y afinar tu capa


cidad de autoconocimiento y autocritica (sana) es el primer paso. Te daré unos ejemplos para que entiendas como el ego espiritualizado usa aquella información interna para manipularte a no sanar y no transformar.

- Si alguien religioso, criado con la idea que lo noble es “Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra…” se encuentre con alguna agresión externa posiblemente se cohíba en poner límites para no ser agredido, o evite salir de una situación que le está ofendiendo, pues su ego espiritual le dirá: es mejor persona quien pone la otra mejilla, que quien se protege a sí mismo.

- Otro ejemplo que viene de la idea que viene circulando con el boom del crecimiento espiritual es “cada quien es dueño de sus propias emociones”, y en términos generales es un acierto, pero he visto como algunas personas usan esta frase para liberarse de la responsabilidad de una mala acción. Aunque cada quien es dueño de la su reacción emocional, es


to no te autoriza a ser un patán o a escudar un error que cometiste frente a otro.

Otro velo, es el concepto del bien y el mal, ya que puede variar dependiendo de la época, la cultura, la sociedad, la familia, educación, etc. Un ejemplo: Nos enseñan desde pequeños que sentir rabia es “malo”, incluso los movimientos nueva era nos hablan de como las rabia es negativa, llevándonos a rechazarla con el afán de ser mejores personas, pero reprimirla no es la solución. Lo que no nos enseñan es que la rabia debe cor


rer su curso en el cuerpo, que en vez de asfixiarla o embotellarla, debemos comprenderla, entender de donde se origina y que usarla como maestra es la mejor forma para que ella fluya en tu cuerpo sin que te domine y así poderla digerir y transformar en ti aquello que la despertó.

Y por último (en este escrito): huir al sufrimiento y al dolor es una ilusión que solemos usar como engaño para los procesos personales. Escapar del dolor como leíste anteriormente donde se habla del positivismo toxico no es más que dilatar lo que inexorablemente, tarde que temprano tendrás que afrontar. Los procesos difíciles, el dolor deben ser asumido para poder ser transmutados.

Los anteriores son algunos de los escapes que el ego usa, pues en nuestra ignorancia, en algún lugar de nuestro subconsciente creemos que nos estamos protegiendo con estas medidas, Algo dentro de nosotros que tenemos temor de afrontar cree, que es mejor el velo que en


carar la realidad y aunque puede funcionar en algunos casos en el corto plazo, a largo plazo generará más dolor y hace que se haga más dispendiosos de afrontar(trabajar?)

Una invitación desde el amor: Hay que cultivar fuerza y carácter para tener la capacidad de mirar por encima de los engaños que nos hacemos. Pues aceptar tus virtudes pero rechazarte por tus defectos (o sombras), es igual a que tu pareja solo te ame en los días bonitos, y que te rechace en los días difíciles. ¿Entiendes?

Cuando nos permitimos, a pesar del dolor, ver nuestros mecanismos de defensa y oscuridad de una forma amorosa, emp


ezamos un viaje a asumirnos, no se trata de cambiar para ser más aceptado, se “trata de cambiar” – o mejor dicho: se trata de sanar (para que ocurra el cambio) - para que aquellos aspectos limitantes no nos sigan llevando a situaciones de dolor o condicionamientos poco sanos.

Mírate a ti mismo como un proyecto en proceso, un rompecabezas que estas resolviendo día a día para que tu, como ser, tengas mas sentido. Una vez te haces maestro de ti mismo das un pequeño paso para que los procesos personales se atenúen (hagan más amables?) y se sane con más facilidad. ÁMATE EN TU LUZ Y EN TU SOMBRA. ¿Quieres conocer más? contáctanos en nuestras redes sociales o vía whatsapp +57 311 389 0720


con tus preguntas!

ANA CORREA

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