• Ana

¿Qué tanto estrés puedes resistir?




Tiempo de lectura: 4 min

Son las tres de la mañana. Daniel sigue despierto. No ha podido conciliar el sueño.

Mañana tiene una reunión importante y quisiera estar descansado, verse bien y estar

lúcido. Pero no puede dormir. Ha pensado en tomarse una pastilla, pero después resuelve

que mejor no. Corre el riesgo de no oír el despertador y llegar tarde. Eso sería peor que

pasar la noche en vela.


Daniel está en modo estrés. Está viviendo una situación de presión y está generando una

respuesta física, mental y emocional. Siente el peligro y su cuerpo se ha preparado para

defenderse de la amenaza.


¿Podrá resistirlo? ¿Llegará bien a la reunión? ¿Será capaz de soportar muchas noches sin

dormir bien?


Es probable que Daniel aproveche el momento de estrés para un gran desempeño en la

reunión. Está cargado de adrenalina, lo que ha aumentado la presencia de dopamina en

su cerebro. Su pulso está agitado, los sentidos alertas, se siente activo. Durante la reunión

sudará y su respiración será más frecuente, llenándolo de oxígeno. Estará listo y motivado

para un buen resultado en la reunión.


Daniel, como todos los seres humanos y los animales, está diseñado para el estrés. Es la

forma más idónea que tenemos para actuar en caso de emergencia. Pensemos en el

peligro de salir a cazar y ser cazado. Necesitamos un impulso extraordinario para superar

esa situación. Por eso, ante una amenaza, nuestro cuerpo segrega automáticamente

adrenalina y cortisol, las hormonas que hacen que peleemos, corramos o nos paralicemos

de miedo. Estas hormonas son responsables de la activación de todo el sistema de

respuesta.


Qué sucede en el cuerpo cuando hay estrés prolongado


Sin embargo, si Daniel continua en ese estado día tras día, podría dañar su cuerpo y

provocar un desajuste físico y mental. La adrenalina, que activa el organismo para lo que

corresponde, defenderse, al mismo tiempo inhibe las funciones que no están relacionadas

con la supervivencia y, en consecuencia, suspende, por ejemplo, la digestión. Los altos

niveles de cortisol alteran el metabolismo y el sistema inmunológico. La tensión continua

del cuerpo, es decir, la producción permanente de adrenalina y cortisol no permite que el

cuerpo trabaje en forma normal. Daniel está expuesto a riesgos de enfermedades

cardíacas, presión alta, diabetes, daño de las células, tejidos musculares, densidad ósea,

depresión y mal humor.


Qué causa el estrés


En general, las situaciones de la vida cotidiana como el trabajo, la vida familiar y social,

pueden causar estrés. Se siente que hay “demasiada carga”.


También, cambios no programados que alteran la vida como divorcios, enfermedades y

pérdidas.


Otra causa común son los eventos dramáticos, accidentes o situaciones en la que la vida

estuvo comprometida.


Como ves, estos eventos son la causa perfecta para tener mucho que pensar, recargar la

agenda de tareas, asumir nuevas responsabilidad y tener que lidiar con emociones con

respecto a lo que está sucediendo.


Sí, en momento de estrés pensamos muchas cosas, nos sentimos defraudados, enojados,

incluso abrumados, porque no sabemos muy bien lo que tenemos que hacer para salir de

las situaciones que nos indisponen.


Lo que nos hace preguntar: el estrés está originado afuera o internamente…


Qué desactiva la respuesta al estrés


La solución al estrés no puede ser temporal. Tiene que ser 24/7, de lo contrario, el cuerpo

no podría recuperar sus funciones normales.


Para desactivar las hormonas del estrés hay que ser un poco más inteligentes que el

estrés. De hecho, es muy probable que ya hayas recibido el mejor consejo que puedes

recibir: «deja de pensar en eso» o «deja de sentir eso».


¿Pero, es realmente posible dejar de pensar y sentir lo que se piensa y siente?


Supongamos que vas en tu carro, quieres llegar temprano a casa, pero en el camino hay

un accidente de tránsito y la fila no se mueve. Te enojas porque nada te sale bien, le

pegas a la rueda, gritas. Empiezas a pensar que tu vida es tenaz.


Esa es la opción uno.


¿Qué pasaría si, ya que estás en la congestión, empiezas a soñar en cuál carro te gustaría

comprar la próxima vez, en lo cómoda que es la silla de tu carro, la frescura del aire

acondicionado, la seguridad de estar ahí escuchando música?


La opción dos provocaría un descenso de cortisol y un aumento de progesterona. Eso te

sentaría muy bien.


¿Podrías hacerlo?


Con entrenamiento lo podrías lograr.


Controlar tu mente proponiéndole que se enfoque en lo que pasa aquí y ahora, te evitará

imaginar, suponer, especular, imaginarte situaciones que provocan estrés. Por ejemplo, si

Daniel en lugar de pasar la noche dando vueltas trata de concentrarse en la temperatura

agradable que tiene su cama, lo cómodo que se siente, lo agradable de la oscuridad, los


sonidos o el silencio de la noche, su cuerpo entrará en modo reposo (su cerebro recibirá el

mensaje de que pasó el peligro, ya no hay miedo) y podrá dormir.


Se trata de técnicas de meditación, respiración y movimiento del cuerpo. Puedes aprender

a controlar tus pensamientos, tus sentimientos. Tendrás control de las situaciones

externas (link a https://www.anishayoga.com/post/10-refuerzos-de-yoga-para-la-toma-

de-decisiones

, porque, y esto es lo más importante, aprenderás a conocerte mejor y entender porqué

estabas reaccionando con estrés a la cotidianidad.


Normalmente, cuando vamos por la vida sin propósito, sin líneas claras de lo que

realmente nos hace feliz, la vida nos talla. Nos hacemos preguntas fundamentales que

estresan. Al encontrar sentido, nos liberamos de esas dudas y entendemos cómo salirnos

de lo que nos causa malestar.


En yoga (link a https://www.anishayoga.com/post/por_qu%C3%A9_hacemos_yoga

, meditando, respirando, haciendo que tu cuerpo encuentre nuevos movimientos,

descubres tu esencia. Lo que sigue es que querrás dedicarle tiempo y energía.


Redacción: Katy Schuth B.

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